Los límites de la ciencia y la gestión de las empresas

paradigma1A lo largo de los años muchas empresas han aparecido, prosperado y luego desaparecido; otras son fugaces en su existencia y otras permanecen el mercado por siglos. Aquí aparece una pregunta importante ¿qué hace que una empresa sea viable en el tiempo?. Es esta pregunta la que ha generado muchas respuestas, y más que respuestas hipótesis. Sin embargo, todo esfuerzo para dar respuesta a esta pregunta siempre queda incompleto.

Si lo vemos desde el punto de vista científico, la razón fundamental por la que no se puede dar respuesta a esta pregunta radica en el paradigma mismo de la ciencia, que busca encontrar el conocimiento fraccionando la realidad en partes (análisis), estudiarlas de manera individual aislándola de las otras partes, y así conocer los detalles de todas las partes del problema, para que después, al unir el conocimiento de todas las partes estudiadas, se pueda tener el conocimiento de la realidad como un todo integrado.

Aceptar lo expuesto implica dos suposiciones básicas: (1) el todo es la suma de sus partes y (2) las condiciones bajo las cuales se inicia el proceso de análisis son las mismas que al terminar, es decir, no cambia nada. Estos dos supuestos no se verifican, debido a que ningún fenómeno real se puede conocer completamente a partir del estudio de sus partes individuales, ya que esto niega la relación que hay entre ellas, inherente al hecho de que en conjunto forman un todo y es el conjunto integrado lo que le da sentido. Y la segunda suposición también es una falacia debido a que la realidad es dinámica por el mismo hecho de la idea del tiempo, que nos permite ver la diferencia que hay entre un instante y otro.

Estos limitantes implícitos en el paradigma científico imperante, han determinado que la posibilidad de responder a nuestra pregunta inicial, siempre se vea saboteada por el método mismo de la ciencia. Y cuando tratamos de responder la misma pregunta desde el punto de vista de la práctica, es decir, desde el punto de vista de los empresarios, gerentes o administradores de las empresas que estudiamos, también se encuentran limitantes consecuencia del primer punto tratado.

La formación profesional de los administradores se hace en base al paradigma científico imperante, por tanto la visión de la realidad que tienen estas personas que dirigen las empresas está construida sobre las falencias descritas previamente. Esto hace que los decisores, en su gran mayoría vean a sus empresas como una serie de elementos aislados que se supone deben trabajen en conjunto, lo cual se evidencia en la estructuración de las empresas en áreas especializadas, definida cada una con responsabilidades y deberes específicos, y que con el trabajo de cada una se espera que funcionen de manera óptima.

Esto es coherente con la administración clásica y sus modelos mecanicistas que fueron planteados hace más de 100 años por Weber, Taylor y Fayol y que hasta ahora vemos en nuestras empresas, evidenciados en los organigramas, manuales de organización y funciones (MOF) y reglamentos de organización y funciones (ROF) y otros más. Pruebas fehacientes de que la existencia de paradigmas mentales basados en los modelos estáticos y mecanicistas de la época primigenia de la administración.

Basados en estos modelos, los profesionales que dirigen las empresas tratan de maximizar sus resultados optimizando constantemente su modelo de negocio establecido, usando las técnicas de la administración clásica (reducción de costos, escuchar al cliente, la satisfacción del cliente, el benchmarking, la ventaja competitiva, balance scorecard, cadena de valor, etc), lo cual es común a todas las empresas y por tanto la posibilidad de diferenciación e innovación se reduce a mejoras incrementales, ya que todas harán lo mismo y usarán las mismas herramientas restrictivas y lo único que se logra son mejoras marginales en la eficiencia.

Los retos actuales del mercado exige que se enfrente la realidad con una visión diferente, que implica una manera nueva de ver las organizaciones, las personas, sus interacciones, el mercado y el contexto; para lo cual se requiere una nueva perspectiva, un nuevo paradigma empresarial basado en la visión sistémica de la organización.

La concepción sistémica de la organización permite conceptualizar a ésta como un conjunto de interacciones bidireccionales entre diferentes subsistemas que forman la organización, que a su vez está en constante interacción con otros sistemas de su entorno que también están formados por subsistemas. Esta es una visión holística de una organización que establece condiciones diferentes para su gestión, donde las interacciones son las que le dan estructura a la organización y son eminentemente intangibles y es donde se halla la comunicación, la cultura organizacional (con todo lo que implica), el estilo de liderazgo y dirección, la jerarquía, el clima organizacional y muchos elementos más de carácter intangible pero que en esencia son los que le dan forma, operan y estructuran la organización.

Y es en las interacciones de una organización donde se halla la capacidad de ser flexible y el potencial para ser adaptable, ya que una organización puede ser flexible pero no adaptable. Entendiendo como flexibilidad las respuestas o acciones temporales de una organización para mantener su equilibrio, ante las condiciones de cambio; mientras que una organización adaptable es capaz de desarrollar cambios permanentes, rápidos y continuos, reconfigurando su estructura (interacciones) de manera novedosa para hacer frente a las demandas de su entorno y de la organización misma, de tal forma de cumplir con sus objetivos de manera óptima permanentemente. Esto da la capacidad no sólo de ser sensible a las oportunidades de mercado y de mejora, sino que permitirá aprovecharlas.

El paradigma sistémico de la organización la conceptualiza como un sistema abierto, donde los subsistemas interactúan dentro del sistema y a la vez éstos interactúan con otros sistemas o subsistemas fuera de los límites de la propia organización, con lo cual se hace difusa la idea de los límites del sistema organizacional, siendo muy difícil definirlos, sobre todo si consideramos que las interacciones de un subsistema de una organización puede afectar a otro sistema (organización) o subsistema. Por tanto, podemos considerar que los límites de una organización llegan hasta donde es capaz de influir con sus decisiones.

Las decisiones de las empresas pueden afectar a sus proveedores, entonces por ejemplo, en las decisiones de planificación se debe tener en cuenta a los proveedores como parte de la organización (sistema) y considerar al proveedor como uno de sus subsistemas. Podríamos considerar a empresas como Nike o Apple y sus proveedores y maquiladores. También a los supermercados y sus proveedores, a quienes les puede exigir su participación en las promociones que despliegan.

Una organización conceptualizada en términos de subsistemas y sus interacciones, las cuales en sí son otro subsistema, configuran un sistema complejo, el cual debe ser gestionado a través de decisiones para hacer que todos los subsistemas (incluidos los sistemas o subsistemas del entorno: otras empresas) interactúen coordinadamente para crear valor y/o compartir el beneficios de una oportunidad. Sin embargo, estas interacciones ya sea por su número o dinamicidad configuran la complejidad, que puede llegar a incapacitar a los decisores cuando llega a ser tan grande que genera una percepción de falta de control total del sistema.

Entonces la gestión de una empresa no puede verse únicamente en términos de las decisiones sobre y desde sus áreas funcionales, ya que esto deja de lado los elementos claves de la empresa y el mercado (las interacciones entre sistemas y elementos); haciendo de la gestión de las empresas una actividad lineal, estática y rígida en un mercado no lineal, dinámico y alejado del equilibrio.

Aquí podemos parafrasear a Theodore Levitt y conformar la idea de un caso de  “hipermetropía y miopía organizacional”, la cual es ocasionada, en parte, por el reduccionismo del paradigma científico imperante que ha servido para formar a los administradores en las universidades y producido útiles modelos administrativos (para su momento y contexto); pero que ahora han sido largamente superados por la realidad y por tanto es el momento de buscar nuevas herramientas que lleven a las empresas al siguiente nivel, de lo contrario seguiremos administrando empresas que no se desarrollan,  no se diversifican, no innovan, no aprenden, con gran probabilidad de pasar a formar parte de las empresas que fracasan año a año.

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